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jueves, 5 de marzo de 2009

Nuevas leyes de la óptica


Una de las influencias de Apple y el iPod en la currrtura popular (..tiene amigos a montones...) viene por los lados de su publicidad e imagen, y de esa última lo más imitado es aquel "efecto" que se ha dado en llamar el "wet floor effect", que no es más que simular que lo anunciado se halla sobre una superficie altamente reflectante...

Lástima que la aparente habilidad de algunos para manejar en el Photoshop efectos como ese no venga acompañada por un poquito de respeto por las leyes de la óptica (¿recuerdan en Física esos grafiquitos de flechas rebotando desde concavidades y convexidades hacia ojitos de largas pestañas?) o el más somero sentido común.

Claro, para diseñar la pancarta de la foto más puede que haya privado el sentido "comercial"... ("Chaaama, ya va... ¿Por qué pones el logo voltiao? ¿No ves que la gente no lo lee? Respeta la marca, chaaama...")

ACTUALIZACIÓN 22/MAR: Échenle un ojo a Photoshop Disasters, a donde envié esta foto hace unos días y ha generado (hasta el momento en que yo lo revisé) una discusión que va por los 40 comentarios... Y gracias, gracias a los que se tomen el trabajo de comentar acá, en la fuente, por cierto, ja ja ja...

miércoles, 4 de marzo de 2009

Ya que estamos de invitaciones...

...extendemos una a los del "Colectivo Alexis Vive" para que se den una vueltica por un salón de clases. De primaria. O por una biblioteca. Son de entrada libre.

Ah, si Alexis viviera. ¡Le daría una vergüenza..!

(Si no se lee en la imagen: "ALEXIS VIVE te IMBITA Al GRAN COHETONASO")

lunes, 8 de septiembre de 2008

Vamos, pues...


Sin duda, parece que el genio de esto todavía anda suelto...

Ey, tal vez le cobraban por palabra —pero, coño, ¿cuánto por una letra?— o, bueno, hay que sacrificar la puntillosa sintaxis por lo bonito, lo centrado del diseño, dos palabras de cinco letras, qué vaina más simétrica.

En este blog, sin embargo, ya no vamos asombrarnos por esto, ni vamos hacer alharaca estéril. No nos vamos poner fastidiosos... No vamos joder más, pues.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Es lo que me temo, Freddy...

...que nos combirtamos en "el ejemplo que Caracas dio"... pero el ejemplo que le den las maestras a los niños en primaria de lo que sucede si no ponen atención (a toda la clase, que al menos recordaron la regla de que antes de "b alta" va "m")...

Al menos alguien advirtió la cosa. Tarde para echarlo para atrás en UN, pero al menos en DV salió corregido:

lunes, 12 de mayo de 2008

Está duro el desempleo...

Ustedes no saben lo que es estar "en el paro"... Estadísticas van y estadísticas vienen, y las discusiones sobre la cantidad de gente sin trabajo pueden durar horas... pero ustedes no han tenido que ver, como yo, a un superhéroe debajo de un puente, dando lástima en lugar de estar salvando gente, o al menos protagonizando sagas cinematográficas...

Iron Man quizás tuvo que ver en esto... O la enésima edición de Batman, que por ahí viene rodando. Está claro en todo caso que tres entregas de sus aventuras no fueron suficientes para garantizar al arácnido una estabilidad laboral a largo plazo...

sábado, 10 de mayo de 2008

Comida rápida...

Bueno... tan rápida como el tráfico le permita avanzar a esta camionetica (de la ruta al Hospital Universitario: un paciente que se quedó sin almuerzo). En cualquier caso, esta señora no se va a dar mala vida por que los atascos le retrasen su hora de comer.

Por otra parte... ¿No será esto una lógica evolución de los servicios a que nuestra característica habilidad de "resolver" nos ha acostumbrado en las calles caraqueñas? Primero, la venta de caramelos, luego, ¿por qué no? la de almuerzos completos...

Una vuelta de tuerca al concepto de fast food. Carne guisada y yuca to go.

domingo, 9 de marzo de 2008

La plaza es de todos

Una cosa en la que creo casi de manera religiosa es en la democratización de los espacios públicos. Qué cosa tan ciudadana es sentirse dueño de lo común, de lo que compartimos con los demás ciudadanos... Sólo cuando todos entendamos —y nadie mejor que el pana aquí fotografiado— que la vida pública es lo que nos hermana, nos junta a todos, es cuando funcionaremos mejor como sociedad.

¿No se sienten acaso más cercanos al suidadano durmiente de Plaza Candelaria? Hay algo de cercanía en ver a alguien durmiendo, de eso estoy seguro... ¿No les parece que comparten sus sueños, sus esperanzas, sus... emanaciones corporales? ¿No pueden casi oler los pocitos que rodean al camarada aquí en reposo? ¿No estarán más cerca de él como compatriotas, como conciudadanos, como vecinos, si, luego de su merecido descanso, el suidadano les presta el banquito, que es de él, de nosotros, de todos?

domingo, 10 de febrero de 2008

¿Accidente con moto? Mejor cuéntame algo nuevo...

Ya se va haciendo común: en cada esquina, en todas las avenidas. Un incidente por el que no vale la pena hacer revuelo. Un paisaje caraqueño típico, como el chichero de la UCV, como la gente durmiendo en cada portal, como los huecos, como el festival de basura, como... (corto acá para no agotar el tema de las futuras postales).

domingo, 20 de enero de 2008

¿Qué hacer con esas fotos de celular?

That's right. Postales. Así me quito de encima (del cel y de la cabeza) esos "momentos Kodak" que se suelen pescar por la calle sin previo aviso, así divulgo como buen ciudadano las bondades de nuestra ciudad... ¡Haz clic para verla más grande, y colecciónalas, ja ja!

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Pa' que no estorben...


—Jefe, ¿dónde ubicamos estos contenedores de basura?

"Coño, este tipo si es bruto", pensó el jefe; luego le dijo:

—¡Coño, tú si eres bruto! Colócalos cerca de la esquina, pero en un sitio poco transitado, que la gente casi no utilice, para que no sean un estorbo...

Pero él tampoco era tan bruto: fue y los colocó exactamente en el lugar más acorde con las instrucciones. En donde comienza el rayado peatonal, plena esquina de Candilito de la avenida Urdaneta.

viernes, 10 de agosto de 2007

Palabras para la posteridad, pero con anterioridad


¿Qué sería de nosotros sin los iluminados intelectos de quienes nos gobiernan? ¿Dónde estaríamos sin esas poderosas mentes abriéndonos el camino hacia el progreso con cada preclara palabra que sale de sus bocas? Por suerte, algunos conscientes cronistas citadinos han tenido la patriótica previsión de inmortalizar en duraderas placas cerámicas, emplazadas en sitios públicos, esos pensamientos sin los cuales vagaríamos en la penumbra del desconocimiento y la incivilidad.

Sirvan pues las sabias lucubraciones —firmadas y todo, que le da un nosequé de extracto de obras completas— del alcalde Freddy Bernal como potente faro (incluso para guiar automóviles, pues esto es en la autopista), para que nos conduzcamos por el angosto pero provechoso canal rápido camino del orden. ¡No esperemos nunca más a que los tediosos años den el bruñido de "famosas palabras" a lo que nuestros oídos tienen la ventura de escuchar en el presente, y démosle con prisa el indiscutible, merecido hombrillo pedestal ciudadano!

Por si la foto se ve poco (amplíese con un clic sobre ella): "Sólo con conciencia y participación ciudadana, lograremos recuperar nuestra ciudad" Bernal. Ah, la inspiración inmortalizada. Qué libros ni qué próceres ni qué nada.

viernes, 3 de agosto de 2007

El semáforo, la ley


¿No les parece que hay en el comportamiento de un peatón caraqueño frente a un semáforo bastantes paralelismos con nuestra forma de entender las normas en general, y los trámites burocráticos en particular? Cada quien tiene su propio criterio sobre si debe seguirla o no, y de qué manera.

Ahí están los legales. Se aferran —tal vez histéricamente, tal vez con fe ciega; es igual— a la racionalidad de la norma, a veces independientemente de cómo ésta se comparezca con la realidad. Veamos a nuestro peatón: ¿Llega al cruce y no tiene paso? Él sólo mira la luz, esperándolo. No entiende a los que se zumban a torear; éstos no lo entienden a él. Tal vez no pasen carros, pero tampoco cruza: no es su turno. Luz amarilla para los carros y se prepara (mentalmente: no mueve ni un dedo), y apenas cambia a roja arranca, optimista. Cree que los pies de los conductores sobre los frenos son una certeza matemática dentro de la norma. Los legales, llenos de optimismo, suelen ser atropellados.

De seguidas tenemos al suave que llega al paso cuando no le toca cruzar y comienza a negociar visualmente con cada conductor, pues ganando simpatías también se cruza. Va conquistando terreno, contrariado cuando algún conductor poco solidario pasa sin verlo y "a mucha velocidad" —o sea, la permitida porque tiene luz verde— y sólo mira el semáforo cuando está a la mitad del cruce y se hace obvio que no todos se pararán por él.
El ciudadano equivalente es ese que va a hacer un trámite y pide permiso en la cola "para preguntar nada más", y pasa de primero a resolver la diligencia; o el que, tras escuchar el procedimiento normal de boca de un funcionario, intenta darle la vuelta con un "sí, pero tú no puedes, mi pana, hacerme una segunda..." Parece que tuviera familia en todas partes: "Oye, hermano..."

El que hace sus propias reglas es un peatón que se lanza a destiempo pero no sin antes hacer la señal de alto frente a cada vehículo, autoinvestido de repente con autoridad de fiscal. Suele dar su servicio desinteresadamente a otros (y los dirige con la otra mano: dale, dale...); o ejercerlo cuando va acompañado de niños, ancianos o paquetes, lo que en su visión del mundo le otorga una especie de amnistía de usar los cruces como los demás.
Lo reconoces en la diligencia burocrática porque siempre tiene algo que lo distingue —según él— y justifica para no atenerse a la norma: "Hermano, pero yo vine ayer", "Sí, pero es que yo tengo este carnet...", "Es que mi tía, que trabaja aquí..." y un conveniente etcétera.

Los que hacen lo que hagan los demás suelen ser poco peligrosos, aunque depende de con quién se junten. Como peatones, los encuentras si haces esta prueba: bájate de la acera cuando aún la luz no cambia, y de inmediato intentarán cruzar contigo. Mira el semáforo si no puede completar el cruce: a veces harán lo mismo —si bien riendo, no dando realmente crédito a eso que han escuchado de que ese aparato con luces de colores tenga función alguna.
Como compañeros de cola en algún ente, están atentos a cualquier cosa que preguntes, para ver sus papeles, comparar y decir: sí, tiene razón, así es. Si reclamas, son los que corean sí, ajá, verdá es, dígaselo. De resto están allí, de relleno, calladitos.

Sigue el feliz, que parece ignorar la existencia misma de los semáforos. Su pie no distingue acera de calzada. Él va. Tal vez en su pueblo de una avenida con tres calles perpendiculares nunca se requirió siquiera pintar un cruce de cebra. Tal vez sí lo conoce pero no le importa. Puede aparecer por la esquina, a mitad de calle, por donde sea. Cruza derecho, en diagonal; lento o corriendo; de espaldas, saltando en un pie. Solo o acompañado. Viendo el periódico o hablando por celular. Hace rechinar los frenos de los carros, o los torea. En realidad, ni los mira.
Equivale al nuevo anarquista. No cree en la existencia de gobierno, leyes, normas u orden de ninguna especie. Su mamá o su mujer le hacen las diligencias.

Los arrechos se valen de su inherente mayoría como tumultuosa razón para tener la razón. Son similares a los que hacen lo que hagan los demás, con la diferencia de que cuando abultan adquieren valentía y desprecian turno, luces o sentido común. Quítense, carros, que allá vamos.
Huelga decir a quiénes se parecen. Todo el mundo conoce uno...

lunes, 23 de julio de 2007

Las barrigas de los choros

¡¿Hasta cuándo estos espectáculos?!

¿Por qué tenemos que tropezarnos con estas grotescas imágenes en los periódicos? ¿Tenemos que contemplar impávidos las generalmente ostentosas lipas —o puestos a ver, también peludas flaqueces, trabajados abdominales o malpapeados costillares— de maleantes, atracadores, sádicos y traficantes diversos, todo con tal de respetar, alabado sea, su derecho a la intimidad, privacidad, pudor o como quiera que se llame ese derecho que sí hay que respetarles a pesar de que casi siempre que aparecen en esas fotos es porque algún derecho ajeno —a la vida, a la propiedad privada, a la virginidad, a unas fosas nasales libres— no respetaron a su vez?

Una foto de estas hace que la actuación policial asemeje a eso, una actuación. Un teatro. ¿Cómo sabe uno que los de la panza al aire no son actores puestos ahí para simular la captura de peligrosos maleantes? ¿O un pana del policía, que posó porque al choro lo estaban, en ese momento, moliendo a palos en la discreta intimidad de un módulo policial? ¿Cómo estar seguros de que no son maniquíes, si al caso vamos, o muñecos de almohadas como los de las películas de escape? ¿Qué tal si son imágenes recicladas del periódico, porque el fotógrafo no llegó a tiempo y la nota así sin imagen estaba muy aburrida?

Cuando una nota de prensa cuenta las peripecias de la heroica captura del artífice de un crimen horroroso o un robo espectacular, se queda uno con las ganas de ver a los ojos, en foto aunque sea, a la hábil bestia antisocial. Tal vez, dice uno, era vecino de casa y uno le daba los buenos días cada mañana. Quizá era amigo de uno de tus hijos, y te pierdes la oportunidad de decirle al malagradecido ese que tú tenías razón, que esas juntas no traerían nada bueno.

Algo me dice que antes de que una persona sea sometida a juicio y se determine si hubo crimen y cuál sería su castigo, se trata de un presunto: es inocente hasta que se determine lo contrario. Visto así, que aparezca reseñado en la prensa como criminal sería injuria, entiendo. Pero en general, me parece buena la idea de conocer la cara de los maleantes capturados in fraganti: con la cartera de la viejita en la mano, con el revólver y los reales del banco atracado, con los envoltorios de cocaína aún en los interiores, con el puñal ensangrentado en la mano. Por lo que tiene de aviso: "este es el criminal". También por lo aleccionador: "mírale la cara al imbécil que se dejó atrapar". Pero sobre todo, por lo que tiene de castigo moral.

¡Sí, de castigo! Uno no se va a aprender las caras de todos los choros que aparezcan en el periódico, pero el entorno de esa persona lo reconocerá. ¿Cuántos crímenes se evitarían si el potencial criminal supiera que todo el mundo verá su cara en la prensa? ¿Que su familia pasará esa pena? ¿Que sus vecinos lo reconocerán, sus antiguos amigos, sus hijos?

En Colombia se discute aprobar la publicación, en VALLAS, de los rostros de los violadores convictos. Aquí, muchas veces es la chaqueta de un mismo policía la que cubre la vergüenza de un choro apresado. Si aquí nunca vamos a ver la cara de los malos, ¿no puede ser distinto entonces el show? ¿No podemos, aunque sea, mandar a confeccionar unos gorritos, especie de pasamontañas pero sin huequitos para los ojos y la boca? Cada policía carga uno en el bolsillo y dispone de él en el momento justo. Podría incluso decorarse con caritas de acuerdo al crimen cometido (o una cara genérica, como la del loguito de Flickr), y así nos evitamos la diaria y desvergonzada exhibición de mondongos?

El mundo lo agradecería.

martes, 17 de julio de 2007

Así, así, así se remodela

La foto es de caracasapie, en Flickr,
desde donde por cierto no la pude bloguear.
Acá los links.


La plaza frente a mi casa está siendo remodelada. A principios de marzo, poco antes de irme de vacaciones, un par de obreros con un martillo neumático comenzó a romper el piso, unos metros cada día. Una noche pasé por allí y vi la valla que anunciaba la "Recuperación integral de la Plaza Urdaneta" (esta es la parte alta —la que da a la avenida/tiene la estatua de Urdaneta— de lo que muchos llaman la plaza Candelaria. La mitad de abajo, frente a la iglesia, es la que se llama así, por la parroquia).

Regresé de viaje, comenzando abril, y continuaba el trabajo. Pensé que por tratarse de un espacio público de cierta magnitud el equipo de trabajo sería más grande, pero allí estaba el par de obreros y quizá dos o tres más. Fajados.

Hoy, mediando julio, cuando ya se han ido (no sé si temporal o definitivamente) los trabajadores y luce inminente la "inauguración" (así rematan lo que debería ser un rutinario mantenimiento periódico), puedo comenzar a sacar conclusiones en cuanto a lo que una recuperación "integral" significa, área por área:
El piso de la plaza, de mosaicos amarillos y verdes, y prácticamente en perfecto estado: ese lo quitaron todo. Poco a poco lo reemplazaron por... un piso de cemento pintado. Con textura simulada de ladrillos rústicos, y rematado por una especie de barniz color sucio. Bonito... como para una acera de pueblito típico, o un paseo por el Ávila. RÚSTICO, casero. Los desniveles se ven desde mi casa (y yo vivo en un piso 7); la gente se tropieza con ellos constantemente y, cuando llueve, ya se forman varias lagunas fijas. Uno de los obreros las despeja un poco cada mañana con una escoba: imagino que él está incluido en la garantía del trabajo y hará eso por siempre cuando llueva...

Las escaleras de la plaza a la avenida Urdaneta: quedaron igual, salvo el primer escalón, que ahora es más alto que el resto (por el piso vaciado) y en suave peralte, lo que da una sensación única cuando los usas. Como de que tienes una pierna más corta o algo así. ¡Ah! Y le colocaron una pequeña rampa, demasiado empinada para servir a los minusválidos. Para motos, sin embargo (mototaxis, policías, particulares), es perfecta, como ya he visto...

El jardín que rodea la estatua de Rafael Urdaneta: más bien una extensión de tierra seca de poca profundidad (hay un estacionamiento bajo la plaza, ésta viene a ser una placa de techo): sustituyeron la tierra seca por abonada y sembraron grama. Luce aún verde, a pesar de los chamos que lo usan de parque, pues le quitaron la baranda (y no soy partidario de los "jardines presos", pero el breve pasillo que rodea al pedestal es una tentación demasiado grande). Le doy pocas esperanzas: nunca he visto jardineros en la plaza.

El otro "jardín", frente a la estatua: era un rectángulo de tierra de similar calidad al de la estatua, con monte siempre crecido y rodeado de una baranda de tubos como hasta la cintura de alto. Lo más parecido a una manga de coleo pero corta, como para perros. Ese jardín lo quitaron: ahora caben más toldos y sillas en la plaza para los eventos siempre presentes.

Los bancos: solían ser de esos de parque, de metal, con espaldar y brazos, uno al medio para evitar que sirvieran de cama. Sustituidos por bancos de concreto, sin espaldar (pobres viejitos) y llanos como para acostarse, en filas casi continuas (o indefinidas, Cilia).

Las barandas de tubos, tipo manga de coleo: se quedan iguales. Ni pintarlas se les ocurrió.

Los "espacios verdes" hacia la avenida: usuales laberintos de túneles de ratas, ocultos por basura. Hace dos noches (ayer iba el alcalde Bernal, pero suspendieron el acto) los maquillaron con tierra y matas, a las que doy dos meses de vida, vista la inexistente labor de jardinería que había antes y que continuará así.

El módulo policial-escenario, mamotreto de concreto que ya no aloja policías y sólo de vez en cuando un espectáculo: se queda. Lo pintaron...

Otros cambios: uno de los postes de la plaza, pieza clásica de hierro fundido y quién sabe de cuántos años, se cayó cuando quitaron el piso y se partió en mil pedazos. Sólo queda la base, que han usado por estos días para ayudar a amarrar un tenderete de artesanías.
* * *

Las plazas Urdaneta/Candelaria no son placitas de vecindario, o de pueblo. Están en el corazón de una de las zonas más transitadas de Caracas, y por su tamaño, historia e importancia uno se diría que su remodelación es de gran impacto. ¿Por qué, entonces, acometen el trabajo como quien manda a cambiar una cañería de un barrio? Unos pocos obreros haciendo, a duras penas, un trabajo que, sin desmeritarlos, es de categoría claramente inferior al que ese espacio merece. Una plaza de ese tamaño les queda grande. La plaza retrocedió a categoría pueblo. O barrio, porque categoría pueblo ya tenía.

¿Es porque ahora hay que darles trabajos a cooperativas? ¿Las compañías de arquitectura o urbanismo son muy elitistas para trabajar con la Alcaldía? ¿Caracas no se merece un trabajo de primera categoría, un estudio serio, un espacio público novedoso y moderno, tal vez originado en un concurso de arquitectura donde el mejor trabajo sea reconocido con la buena pro?

Por cierto: ya los vecinos denunciaron con terror en la prensa que se están haciendo mediciones para remodelar (= darle un contratazo a alguien para que cambie lo que está bueno y deje lo malo) de la otra plaza, la de abajo. Quizá ya sea tarde, y eso esté cuadrado...

viernes, 4 de mayo de 2007

Una de ciudadanos matutinos


Déjame comeme unos pastelitos en este kiosko... La moto, aquí. Tá medio atravesada, pero es que si no, no la veo, y la cosa tá fea... "¿Qué, no cabes por ahí? Pajúo, da la vuelta. La cera es de todos... Señora, deme dos". Ajá, aquí hay par de banquitos: uno pa' mí, el otro pa' mi casco. Eeeerga, ahí viene otro carajo a comé: déjame ponele car'e asesino pa' que no diga nada, nojoda. Ya yo llegué, que coma parao...

martes, 21 de noviembre de 2006

Estampa céntrica


El tipo sale de la licorería de la esquina con cuatro cervezas frías, dos en cada mano, las botellas colgando de entre sus dedos por los picos. El pelo a pinchos negro deja entrever el cráneo brillante, tal vez por el sudor que también le baja por la frente y se adivina bajo la franelilla blanca, holgada y por fuera de un pantalón azul oscuro que completan una figura baja, rechoncha y joven. Su mirada baja, su expresión de diligencia hecha, de encargo cumplido, de que le toca una de las cuatro y de que se la merece porque hay que ver lo que es trabajar con esa pepa 'e sol.
Es martes por la tarde, y ese sol rabioso hace que el líquido dorado brille entre las personas que a esa hora se apuran de aquí allá, en sus quehaceres de hora y día de trabajo, y se le cruzan al tipo sin verlo, o tal vez echándole un rápido vistazo de disimulada envidia.
De tras el kiosko blanco de periódicos que está a pocos pasos de la licorería se desprende un chamo delgado, la cara quinceañera un terreno fértil del acné, pantalón también azul oscuro, chemise celeste de uniforme liceísta, el paso apurado hasta sincronizarlo con el del tipo, junto a quien abre su morral negro y harapiento, como enseñándole el escaso contenido. El tipo, que ya no parece tan tipo y que ahora suelta una mueca de socarrona risa adolescente idéntica a la de su amigo, mete en un solo movimiento ambas manos en el morral, como clavando cuatro banderillas cristalinas y frías en la piel de un torro con cierre en el lomo, y en un acto de magia barata las manos salen con un bulto celeste entre ellas: la chemise del uniforme que en un instante lo igualará al quinceañero, tan pronto se la encaje en tres rápidos movimientos, no sin antes pasársela rápido por la frente para enjugar unas gotas del sudor tal vez producido por la rápida jugada o tal vez por el calor que, en la plaza cruzando la avenida, aliviarán ya de otra manera, como se lo merecen bajo esa pepa 'e sol.