
Llévatelo, Jackeline. Con dedo y todo.
Un acercamiento a mis persistentes obsesiones y egoístas manías, a lo que me hace pelar los ojos con asombro o dirigirlos al cielo desesperanzado... También a lo que me hace creer, muy de vez en cuando, que no estamos condenados a la perdición absoluta en un marasmo de estupidez y locura.