
Pensándolo bien, y aunque yo no haya escuchado la cadena completa, ese hombre habla tanto y tan de todo que no me sorprendería que se desgaje un día de estos por esos escabrosos detalles...
Un acercamiento a mis persistentes obsesiones y egoístas manías, a lo que me hace pelar los ojos con asombro o dirigirlos al cielo desesperanzado... También a lo que me hace creer, muy de vez en cuando, que no estamos condenados a la perdición absoluta en un marasmo de estupidez y locura.