
—¿Qué quieres tomar en el almuerzo?
Y tú respondes:
—Agua, tamarindo o leche...
está claro que hay tres opciones, ¿no? Dame agua, o dame tamarindo, o dame leche. Una de las tres. No me des dos (¡y ciertamente, no me las mezcles, imagínate!).
Otro ejemplo:
— ¿De qué color te gustaría la franela que te voy a regalar?
— Pues no sé... blanca, vinotinto o verde.
Tres opciones. No dos, ni una. A, B ó C. Igual que aquí:
— El Carnaval que viene me disfrazo de Batman, Ronaldinho o duende.
— Me siento un poco mal: tengo caspa, botulismo o dengue.
— Ese perro es un fastidio: Lame, te mea encima o muerde.
¿No les parece? Tres opciones, escoges una. Simple.