martes, 17 de julio de 2007

Así, así, así se remodela

La foto es de caracasapie, en Flickr,
desde donde por cierto no la pude bloguear.
Acá los links.


La plaza frente a mi casa está siendo remodelada. A principios de marzo, poco antes de irme de vacaciones, un par de obreros con un martillo neumático comenzó a romper el piso, unos metros cada día. Una noche pasé por allí y vi la valla que anunciaba la "Recuperación integral de la Plaza Urdaneta" (esta es la parte alta —la que da a la avenida/tiene la estatua de Urdaneta— de lo que muchos llaman la plaza Candelaria. La mitad de abajo, frente a la iglesia, es la que se llama así, por la parroquia).

Regresé de viaje, comenzando abril, y continuaba el trabajo. Pensé que por tratarse de un espacio público de cierta magnitud el equipo de trabajo sería más grande, pero allí estaba el par de obreros y quizá dos o tres más. Fajados.

Hoy, mediando julio, cuando ya se han ido (no sé si temporal o definitivamente) los trabajadores y luce inminente la "inauguración" (así rematan lo que debería ser un rutinario mantenimiento periódico), puedo comenzar a sacar conclusiones en cuanto a lo que una recuperación "integral" significa, área por área:
El piso de la plaza, de mosaicos amarillos y verdes, y prácticamente en perfecto estado: ese lo quitaron todo. Poco a poco lo reemplazaron por... un piso de cemento pintado. Con textura simulada de ladrillos rústicos, y rematado por una especie de barniz color sucio. Bonito... como para una acera de pueblito típico, o un paseo por el Ávila. RÚSTICO, casero. Los desniveles se ven desde mi casa (y yo vivo en un piso 7); la gente se tropieza con ellos constantemente y, cuando llueve, ya se forman varias lagunas fijas. Uno de los obreros las despeja un poco cada mañana con una escoba: imagino que él está incluido en la garantía del trabajo y hará eso por siempre cuando llueva...

Las escaleras de la plaza a la avenida Urdaneta: quedaron igual, salvo el primer escalón, que ahora es más alto que el resto (por el piso vaciado) y en suave peralte, lo que da una sensación única cuando los usas. Como de que tienes una pierna más corta o algo así. ¡Ah! Y le colocaron una pequeña rampa, demasiado empinada para servir a los minusválidos. Para motos, sin embargo (mototaxis, policías, particulares), es perfecta, como ya he visto...

El jardín que rodea la estatua de Rafael Urdaneta: más bien una extensión de tierra seca de poca profundidad (hay un estacionamiento bajo la plaza, ésta viene a ser una placa de techo): sustituyeron la tierra seca por abonada y sembraron grama. Luce aún verde, a pesar de los chamos que lo usan de parque, pues le quitaron la baranda (y no soy partidario de los "jardines presos", pero el breve pasillo que rodea al pedestal es una tentación demasiado grande). Le doy pocas esperanzas: nunca he visto jardineros en la plaza.

El otro "jardín", frente a la estatua: era un rectángulo de tierra de similar calidad al de la estatua, con monte siempre crecido y rodeado de una baranda de tubos como hasta la cintura de alto. Lo más parecido a una manga de coleo pero corta, como para perros. Ese jardín lo quitaron: ahora caben más toldos y sillas en la plaza para los eventos siempre presentes.

Los bancos: solían ser de esos de parque, de metal, con espaldar y brazos, uno al medio para evitar que sirvieran de cama. Sustituidos por bancos de concreto, sin espaldar (pobres viejitos) y llanos como para acostarse, en filas casi continuas (o indefinidas, Cilia).

Las barandas de tubos, tipo manga de coleo: se quedan iguales. Ni pintarlas se les ocurrió.

Los "espacios verdes" hacia la avenida: usuales laberintos de túneles de ratas, ocultos por basura. Hace dos noches (ayer iba el alcalde Bernal, pero suspendieron el acto) los maquillaron con tierra y matas, a las que doy dos meses de vida, vista la inexistente labor de jardinería que había antes y que continuará así.

El módulo policial-escenario, mamotreto de concreto que ya no aloja policías y sólo de vez en cuando un espectáculo: se queda. Lo pintaron...

Otros cambios: uno de los postes de la plaza, pieza clásica de hierro fundido y quién sabe de cuántos años, se cayó cuando quitaron el piso y se partió en mil pedazos. Sólo queda la base, que han usado por estos días para ayudar a amarrar un tenderete de artesanías.
* * *

Las plazas Urdaneta/Candelaria no son placitas de vecindario, o de pueblo. Están en el corazón de una de las zonas más transitadas de Caracas, y por su tamaño, historia e importancia uno se diría que su remodelación es de gran impacto. ¿Por qué, entonces, acometen el trabajo como quien manda a cambiar una cañería de un barrio? Unos pocos obreros haciendo, a duras penas, un trabajo que, sin desmeritarlos, es de categoría claramente inferior al que ese espacio merece. Una plaza de ese tamaño les queda grande. La plaza retrocedió a categoría pueblo. O barrio, porque categoría pueblo ya tenía.

¿Es porque ahora hay que darles trabajos a cooperativas? ¿Las compañías de arquitectura o urbanismo son muy elitistas para trabajar con la Alcaldía? ¿Caracas no se merece un trabajo de primera categoría, un estudio serio, un espacio público novedoso y moderno, tal vez originado en un concurso de arquitectura donde el mejor trabajo sea reconocido con la buena pro?

Por cierto: ya los vecinos denunciaron con terror en la prensa que se están haciendo mediciones para remodelar (= darle un contratazo a alguien para que cambie lo que está bueno y deje lo malo) de la otra plaza, la de abajo. Quizá ya sea tarde, y eso esté cuadrado...

jueves, 5 de julio de 2007

Un mejor título


Lo que taché no importa. Lean el texto de la nota y díganme si no estarían más tranquilos si la noticia fuese más bien la que yo sugiero... Haciendo clic en la imagen se puede ampliar, pero por si acaso mejor transcribo (me duelen los ojos, los dedos) el texto íntegro:
Caracas.- Un sujeto que pretendía, abrir la puerta de un vehículo en las adyacencias de la Asamblea Nacional fue capturado por funcionarios de la Policía Metropolitana, esto está en marco de Avenida Baralt Segura.

Que comprende toda la avenida Baralt, y las zonas adyacentes este operativo comenzó los primeros días de marzo del año en curso, lo cual quiere decir la operación a arrojado buenos resultados, los dispositivos que la Policía Metropolitana puesto en la zona nos dice es la forma de tratar de menguar la delincuencia.

Según informaciones suministradas por el Subcomisario José Paredes jefe de la zona 5 comisaría Rafael Urdaneta, también estamos implementando los puntos de control en todas las plazas del casco de la ciudad, hasta llevar este operativo en todo municipio Libertador, aseveró, el jefe policial.
Sin firma. Gracias a Dios.

Y sí: me dirán "pero pa' qué tú lees ese periódico, es que tú te lo buscas", y cosas así. Pero debo decir que el Día del Periodista y subsiguientes, publicaron onanistas reportajes dando a conocer al equipo de redacción, y había correctoras. Yo las ví, estaban en la foto: eran dos. Existen.

Si les pagaran por error corregido... ¿cuánto dejaron de ganar aquí? Aunque no creo que los cuenten (yo sí: diecisiete al menos. Mis favoritos en negrita), de hecho no creo que esta nota haya pasado por las manos de nadie. Ni siquiera por las de un redactor. Esto se excretó, supuró solo. Ocurrió.

viernes, 29 de junio de 2007

Hola, pared...

Hay un carajo en mi trabajo, que solía ser portero de mi piso para más detalle, que no me traga. O eso creo; yo, por mi parte, no le tengo más reserva que la que reservo para quienes se tragan la lengua como toda respuesta de un simple saludo que les ofrezcas.

De verdad: el tipo está solo, en un escritorio frente a la puerta de mi oficina, cualquier mañana. No está leyendo nada, no está hablando por teléfono. Es él, el escritorio, y la pared de enfrente. Y paso yo con mi cara de vendedor de enciclopedias, suelto en su dirección un buenos días —normal: ni muy meloso, ni muy confianzudo, ni muy retador. Un buenos días neutramente vocalizado, de libro— y en ese instante el peso del bigote que le cuelga de la nariz se le hace terriblemente pesado: su cara se precipita hacia el escritorio en el momento preciso para obviar que le saludé. En el trance de yo circular frente a él, puede encontrar los más fascinantes y nuevos detalles en la veta mentirosa de Formica marrón de la mesa frente a él, de suerte que casi siempre termino contestándome yo mismo, mentalmente, el saludo.

Tengo vecinos de la misma madera. Y los ves siempre, te los encuentras a cada rato: en un pasillo, en el ascensor. Tropiezas de frente con ellos. Y no hay manera: le busques la mirada, o hagas la típica apretada de labios moviendo la cabeza en un silencioso (el saludo más serio, menos exigente), o declares a voz de cuello un saludo general. Se quedarán así, tan pintados. O mejor aún, buscarán zancudos en el espejo, detallarán en su mano las llaves de la casa (¡que nunca habían visto!), o tararearán alguna tonada inventada para la ocasión. No muy alto, tampoco, que aunque se creen solos en ese momento, tampoco quieren quedar como locos.

¿Por qué? De antemano declaro mi absoluta certeza de que no soy monedita de oro. Quienes me conocen saben que no ando colgado de los hombros de la gente, ni me ando hermanazando o compadreando cada dos por tres. Algunos me tildarían, incluso, de huraño —"Ayer te vi por la calle, llevabas car'e culo" es una frase que he escuchado algunas veces— Pero mi barnicito de buenas maneras tengo. De urbanidad, de empatía social. Reconozco la presencia de otro ser humano en la cercanía de mi espacio, respondo a ese estímulo sensorial.

¿Cuál razón tienen tantas personas para quedarse con su cara de estatua de cera cuando, al ser la única en un ascensor donde te montas, les dices bueenas... o buenastardessss o quetalcómoestá? ¿O cuando ellos mismos son quienes se acercan a uno en una oficina, un pasillo? ¡COÑO, que no soy un florero! ¿He peleado contigo? ¿Me tienes arrechera, o me conoces siquiera para tenérmela? ¿Le tienes rabia a los calvos, le tienes asco a mi perro, crees que te miro por sobre el hombro por ser portero, te cayó mal el desayuno, no ves a Linda desde hace dos meses? Un día, lo juro, me pondré la tarea: tengo que averiguar por qué...

domingo, 3 de junio de 2007

No sé qué contraopinan ustedes...


El proceso que culminará en el cambio de la moneda el próximo año —de bolívar a Superbolívar bolivariano bolívar fuerte, y vuelta a bolívar— se ha dado en llamar en la prensa "reconversión monetaria". También es así en la página del Banco Central de Venezuela, que dirige (¿...?) el proceso.
¿Pero por qué reconversión? ¿Por qué no conversión, que según el diccionario ya quiere decir transformación o cambio en algo distinto? Creo que se cae con ese término en el mismo error que cuando se dice, por algo que sucede dos veces consecutivas, "ay, se repitió otra vez".
Y sí, tal vez la moneda venezolana ha sufrido algunos cambios en el pasado (las de mi bolsillo, por ejemplo, se transforman en sal y agua a cada rato), pero el proceso no tiene la consecutividad que a mi juicio justificaría el término: que primero haya habido una conversión de la moneda, pongamos, un mes antes, y ahora se ejecute una reconversión.
¿Reforma? Sí: se cambia la forma de algo. ¿Pero reconversión? Lo repito (una sola vez): me parece que se redunda.

sábado, 2 de junio de 2007

Sólo se vive una vez...

...pero morir —¡Ay, morir!— eso sí que no es tan fácil, según esta nota de El Universal.

¿Tan terrible será ese hospital? No he ido a Maracaibo en años, no sabría decir...

Esperemos que al cuerpo le haya ido mejor en la morgue. Y en el recorrido al cementerio, que ya Otrova Gomas nos ha mostrado que incluso en ese último viaje no siempre se está tranquilo.

Ayudar puede ser dañino...


Esta desafortunada muchacha que mencionan hoy en una nota de El Nacional será sin duda recordada: por haber dado su vida por los demás.
Lo malo es que no explican cómo sucedió que, no más bajarse de la camioneta, la chica se desplomó sin vida.
Tampoco explican el rápido proceso de resurrección, aunque puedo entender que debía explicar lo sucedido, que no es muy usual: "Hola, familia, llamaba para avisar que me acabo de morir..."

lunes, 21 de mayo de 2007

Una de tres

He estado pensando... que cuando te preguntan, por ejemplo:
—¿Qué quieres tomar en el almuerzo?
Y tú respondes:
—Agua, tamarindo o leche...
está claro que hay tres opciones, ¿no? Dame agua, o dame tamarindo, o dame leche. Una de las tres. No me des dos (¡y ciertamente, no me las mezcles, imagínate!).

Otro ejemplo:
— ¿De qué color te gustaría la franela que te voy a regalar?
— Pues no sé... blanca, vinotinto o verde.
Tres opciones. No dos, ni una. A, B ó C. Igual que aquí:

— El Carnaval que viene me disfrazo de Batman, Ronaldinho o duende.
— Me siento un poco mal: tengo caspa, botulismo o dengue.
— Ese perro es un fastidio: Lame, te mea encima o muerde.

¿No les parece? Tres opciones, escoges una. Simple.